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La reliquia del bosque encantado (jose_belchi_)
IES CAYETANO SEMPERE (Elx)
Inici: El secret del Bosc Vell (Dino Buzzati)
Capítol 2:  L'habitació prohibida

Llegó el día siguiente. Eran las 8 de la mañana, el coronel se levantó, se lavó los dientes, se vistió y procedió a ir a desayunar. La irresistible olor de huevos fritos no tardó en llegar a la habitación de Benvenuto, lo que hizo que rápidamente se despertara.



Una vez despierto y vestido, bajó las escaleras y llegó a la cocina, donde esperaba ansioso encontrarse el coronel junto al desayuno ya puesto en la tabla. Más bien se encontró la cocina totalmente vacía, ordenada y limpia. Sorprendido, dijo en voz alta:

- Sebastiano?



No hubo respuesta. Se puso a investigar por toda la casa. Revisó la primera planta de un extremo al otro sin resultado. Subió a la segunda planta, donde repitió su estrategia; a Benvenuto se le pasó por la mente mirar a través de la cerradura de la habitación prohibida, pero lo pensó dos veces y decidió no hacerlo.



Salió al jardín, donde finalmente se encontró el coronel, el cual salía de un sótano, con un plato vacío y ligeramente graso en las manos.



- Buenos días, poco. -Le dijo el coronel. No hubo respuesta por parte de Benvenuto.



- Te ha comido la lengua el gato?

- No, señor. -Le respondió Benvenuto.



No hablaron sobre que el coronel salía de un sótano con un plato vacío en las manos, así que Benvenuto comenzó a pensar que podría haber hecho el coronel.



Tendría animales en el sótano cerrados? O quizás personas? Era algo que inquietaba al chico.



Volvieron a entrar los dos en la casa, donde ahora sí, desayunar los dos juntos. El coronel le explicó al chico que aún no se podrían adentrarse en el bosque para empezar a buscar ese cofre lleno de reliquias y dinero. Para que este tenía que terminar un par de cosas antes, así como buscar sus herramientas y hacer unos preparativos. Benvenuto asintió con la cabeza, sin rechistar.



Cuando terminaron de desayunar, cada uno recogió su plato; el coronel le dijo que lavará los platos a Benvenuto, mientras que él hacía otras cosas. Se quedó lavando los platos, a la vez que pensaba en por qué había salido de aquel sótano con un plato en las manos. También tenía en mente aquel trozo de jardín que había sido tapado con tierra recientemente, y esa puerta tan misteriosa la que Benvenuto tenía prohibido acercarse a ella.



Benvenuto no era más que un niño curioso, así que una vez terminó su trabajo que le habían encomendado, se puso a buscar por toda la casa la llave para la habitación prohibida. Buscó en los cajones de la cocina, en los del salón, detrás de su armario, por todo el salón ...



Su búsqueda no estaba dando resultados, así que pensó que guardaría la clave si él fuera Sebastiano. Pensó en la habitación de éste, así que se dirigió hacia allí. Buscó por toda la habitación, desde los cajones hasta debajo de la cama. No hubo suerte. Pero antes de darse por vencido, vio en una esquina de la habitación un cuadro un tanto peculiar, porque éste estaba ligeramente girado hacia un lado; Benvenuto se acercó a él, pero justo cuando iba a ver si había algo detrás, sintió la puerta principal abrirse, porque el coronel había vuelto. El corazón de Benvenuto nunca había latido tan fuerte. Salió corriendo de la habitación del coronel para dirigirse a su.



Por suerte, el coronel no se dio cuenta, aunque en subir y ver a Benvenuto en la cama tumbado y sudando, le preguntó que si estaba bien, con lo que el chico respondió asintiendo, como de costumbre.





Benvenuto debería llevar más atención y cuidado, porque lo último que quería era que el coronel enterara que estaba intentando acceder a la habitación prohibida.





Llegó la hora de comer. El coronel tenía en la nevera las sobras de otro día que había comido con un poco de pan y queso, que fue lo que comieron los dos. El pan estaba un poco insípido, y el queso un tanto rancio; sin embargo, Benvenuto no pió y se lo comió todo.



Una vez terminaron, el coronel le volvió a ordenar a Benvenuto que llavará los platos, y sin decir nada más, se volvió a ir de casa, probablemente a aquel sótano del jardín. Benvenuto no había terminado ni de lavar el primer plato cuando salió disparado hacia la habitación del coronel, a buscar lo que podía haber detrás de ese cuadro.



Subió las escaleras, esta vez un poco más nervioso que la anterior, ya que sabía que el coronel podía volver en cualquier momento, pero no se detuvo ni un instante. Una vez llegó a la habitación, cogió una silla para llegar a ese cuadro, y lo quitó. Sus sospechas eran ciertas, porque detrás del cuadro había un pequeño hueco en la pared, donde se encontraba la llave que iba buscando.



La cogió, colocó el cuadro en su lugar, la silla también, y se dirige hacia la habitación prohibida.





Se plantó delante de ella, sudoroso y muy nervioso, agarró la llave con las dos manos, y abrió la puerta. Benvenuto no podía creer lo que sus ojos estaban presenciando.



No había nada. Era una habitación vacía, muy oscura y con bastante polvo. Benvenuto había sido engañado, pero por qué? ¿Por qué querría el coronel advertirle de una habitación totalmente vacía? Algo encaminaba mal.



Benvenuto devolvió la llave en su sitio, y se puso a lavar los platos de nuevo, poco antes de que el coronel volviera a casa.



- Todavía vas por ahí? Sí que eres lento, sí. Le dijo el coronel.

Sebastiano se dirigió al salón, para ver la televisión un rato.





Fue aquí, cuando Benvenuto, se dio cuenta realmente de por qué el coronel le había dicho lo de la habitación: quería distraure'l con ella mientras guardaba algo importante para él en aquel sótano del jardín.



Esto, le dio muchas ganas de meterse en él, aunque también le daba una muy mala espina, porque aún tenía en cuenta ese "algo" del jardín que había sido enterrado.



A pesar de que el coronel se llevó bien con él desde el día en que lo recogió del internado, había algo misterioso sobre él. Nada de lo que decía le parecía tener ningún sentido para Benvenuto, y eso era exactamente lo que le daba más ganas de seguir investigando sobre los misterios alrededor de él y de esa reliquia que le había mencionado.





Y si no había una reliquia escondida en realidad? Y si el coronel estaba loco y quería enterrarlo a él también? Sólo había una manera de averiguarlo.





Continuará ...





















 
jose_belchi_ | Inici: El secret del Bosc Vell
 
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